Escape de un presente banal y mediocre...
Hace largos días ando buscando libros de Colette, pero parece que están extintos. En la mañana pasé por mi librería de cabecera, esa que siempre me salva y en la que encuentro los más preciados tesoros a precios inigualables, pero me desilusioné cuando el librero, ese que me saluda dándome la mano y diciéndome que le hago los días con cada visita, negaba con la cabeza mientras zambullía su mirada dentro del monitor buscando alguno de los veinte títulos que le pedí. Lo amenacé de muerte si no me conseguía alguno en los próximos días, pero se rió pidiéndome que le contara otro chiste. Comprobé, una vez más, que la gente no me toma en serio, porque tampoco me creyó el señor con quien mi librero conversaba cuando yo llegué. Le pregunté por qué hay tanto de Coehlo y nada de Colette, -Porque también hay mucho de Umberto Eco, dijo mientras me guiñaba el ojo. -Touché, respondí con una sonrisa.
-No tengo ganas de irme con las manos vacías, le dije mientras le sonreía al otro señor, ¿hay algo que me interese?. -Siempre, me dijo mientras salía de la pc para buscarme los libros. Tengo "El terceto de Alejandría". -El Cuarteto, le digo yo. -No, el terceto, porque sólo me quedan tres. Jajajajaja. Me río, porque me hizo gracia, de verdad, y en eso se asoma él, despacito, a conversar y a recomendar. Hablamos largo rato de Durrell, me contó que llegó a él a través de Henry Miller y se sorprendió cuando le dije que ya había leído Incesto y que me encantó. Me preguntó qué carrera estaba estudiando, le dije que todavía ninguna. -"Pensadora libre", me denominó. Siguió hablándome de D. H. Lawrence y de conversaciones que tenía con Anaïs Nin. Yo estaba fascinada escuchándolo. Le conté de una experiencia que tuve hace unas semanas con La Divina Comedia, y entonces hablamos del círculo del libro y de su relación con la tecnología actual.
Me sentía de la misma forma que se sintió Gil en "Midnight in Paris" justo en el momento en que el antiguo Peugeot se detiene junto a él para que Scott y Zelda Fitzgerald lo inviten a su mundo, junto a Hemingway, Dalí, Gertrude Stein y Man Ray, entre otros. Con una pequeña diferencia, este señor con quien yo estaba tratando no era famoso, ni tenía nada publicado, pero hablaba de literatura con una frescura envidiable y eso lo hacía valiosísimo para mis oídos y mi alma. Según él, en su juventud buscaba sexo y encontró literatura. -¿Y vos?. -Y yo más o menos lo mismo, le respondí. Se río con una gran carcajada, buscó en vano su tarjeta porque no la tenía, y entonces escribió en un folleto de la librería: Fidel, y a continuación su número de teléfono y su dirección. Busqué mi tarjeta, le cambié el domicilio y agregué mi teléfono fijo. Y quedamos de visitarnos un día para seguir conversando. Me dijo que con su esposa podía hablar de tejido todo lo que me venga en ganas, y me reí diciéndole que no sé tejer, ni bordar, pero que me encantaría conocerla y conversar con ella. Él cuenta con 85 años, ella con 84. -¿Cómo era tu gracia? -Solange, pero puede llamarme Sol. -Encantado, Sol. Las puertas de mi casa están abiertas para cuando tengas ganas de conversar con este viejo que, ¿ves que esta mano es diferente de esta otra?, decía mientras me mostraba ambas palmas abiertas, vacías, y yo, observaba. Eso es porque en esta siempre tengo un libro, terminó mientras me extendía la mano en señal de "hasta pronto".
***
El título de esta entrada parece fuerte. Y no discutiré hasta qué punto lo es o no lo es. Simplemente diré que a veces me canso de la vida rutinaria y monótona, y que cuando sucede algo fuera de lo común, sólo aprovecho y me escapo. Como hoy.
Hay "hasta pronto's" que uno dice por decir, y hay "hasta pronto's" que tienen un significado impreso que es imposible obviar. Hace un rato alguien me saludó en el chat y le dije que justamente en la mañana pensé mucho en él. Y en eso suena mi celular. Era Fidel para decirme que encontró en su biblioteca "Una sonrisa en el ojo de la mente" y "Monsieur, o el príncipe de las tinieblas", que no tenían la difusión que tuvo "El cuarteto de Alejandría" pero que eran para mi, que podía pasar a buscarlos cuando quiera. Le agradecí y le dije que en la semana le avisaba y que andaría por su casa, porque nos debemos una charla, porque La Divina Comedia es extensa y quedamos en el inicio, y porque, si la nostalgia es una negación del presente es porque el presente no siempre se presenta como uno lo planeó en el pasado...
Sólo voy a decir : Uno atrae lo que es.
Yo me voy fascinada, y ni siquiera leí el título.
Un abracito.